Partimos del pensamiento de los crypto‑punk para repasar los primeros experimentos y la evolución tecnológica de las criptomonedas, y analizamos la filosofía y los mecanismos de consenso detrás de hitos como Bitcoin y Ethereum. El artículo avanza paso a paso, ayudando al lector a construir un marco histórico completo; sigue leyendo para comprender cómo surgió el ecosistema blockchain.
Al estudiar criptomonedas, lo más importante que debes saber es su propósito original.
Las criptomonedas nacieron en la década de 1980 dentro del movimiento crypto‑punk, pasando por predecesoras como DigiCash y Bit Gold; en 2009 Bitcoin logró su primer éxito, luego Ethereum introdujo los contratos inteligentes y, posteriormente, aparecieron mecanismos de consenso como PoS.
En América Latina, la adquisición de criptomonedas suele hacerse a través de SPEI (México), PSE (Colombia), Mercado Pago (Argentina) o Nequi (Colombia). Para la verificación de identidad (KYC) se solicita el INE en México y el DNI en los demás países de la región.
Crypto‑punk
A finales de los años 80, un número creciente de científicos liberales, ingenieros, informáticos y filósofos formó la comunidad crypto‑punk, discutiendo cómo emplear la criptografía para mejorar la privacidad frente a un mundo cada vez más dominado por computadoras e Internet.
A principios de los 90, los crypto‑punk organizaron listas de correo y defendieron el uso de diferentes sistemas para lograr los siguientes objetivos:
- Construir un entorno seguro en el ciberespacio.
- Utilizar la criptografía para prevenir la vigilancia gubernamental y empresarial.
- Minimizar la confianza y evitar la necesidad de terceros de confianza.
Estos tres temas evolucionaron hacia la protección de la privacidad, la creación de monedas digitales en redes protegidas y el concepto de contratos inteligentes.

Predecesoras de las criptomonedas
En la búsqueda de una forma de dinero segura dentro de un entorno puramente digital, surgieron varios proyectos clave.
DigiCash
DigiCash fue uno de los intentos más tempranos en el ámbito de la moneda digital, creado en 1989 con un enfoque central en la privacidad de las transacciones. Su fundador, David Chaum, fue uno de los pioneros del movimiento crypto‑punk y defendía el uso de la criptografía para proteger la privacidad en línea. DigiCash dependía de servidores centralizados y de la técnica de firmas ciegas para lograr anonimato, pero aun así requería confiar en un tercero. El proyecto se cerró en 1998.
HashCash
En 1997, el crypto‑punk Adam Back lanzó HashCash, originalmente concebido para frenar el spam. Introdujo el concepto de prueba de trabajo (Proof‑of‑Work), que consiste en validar una operación mediante el consumo de recursos computacionales; este mecanismo se convirtió en la base técnica de las criptomonedas posteriores.
Bit Gold
Bit Gold, propuesto por Nick Szabo entre 1998 y 2005, es el primer modelo completo de criptomoneda descentralizada. Sus componentes esenciales incluyen:
- Prueba de trabajo como costo de creación de valor.
- Un libro mayor distribuido que registra cuentas y saldos.
- Marca de tiempo y estructura encadenada que otorgan una característica similar a la blockchain, garantizando la inmutabilidad.
- Uso de la prueba de trabajo ya resuelta como entrada para el siguiente desafío.
Bit Gold también introdujo la idea de tolerancia a fallas bizantinas (Byzantine Fault Tolerance), señalando que si el 33 % de los nodos se coludieran, la red podría ser atacada. Aunque innovador, el proyecto no prosperó por la falta de una entidad de confianza que gestionara la red.
B‑Money
En 1998, Wei Dai presentó B‑Money, que añadió una versión embrionaria de los contratos inteligentes al modelo de Bit Gold. Sus características fueron:
- Una red de nodos que mantiene el libro mayor distribuido.
- Recompensas en moneda por resolver trabajo computacional.
- Introducción de agentes custodios para garantizar la seguridad de las transacciones.
Al carecer de detalles de implementación y también estar expuesto a ataques bizantinos del 33 %, B‑Money no logró captar la atención del público.
RPOW
En 2004, Hal Finney lanzó RPOW (Reusable Proof‑of‑Work), intentando resolver el problema de la tolerancia bizantina mediante un servidor centralizado de verificación. Cuando un usuario transfería un RPOW debía proporcionar una nueva prueba de trabajo, y el servidor solo se encargaba de validar su autenticidad. Si bien se eliminó el riesgo de colusión entre pares, se introdujo la dependencia de confianza en el servidor de verificación.
La llegada de Bitcoin
Todos los sistemas predecesores presentaban riesgos de centralización o de colusión. En 2009, Bitcoin apareció en el famoso whitepaper de Satoshi Nakamoto, proponiendo el consenso de Satoshi, que aumenta la seguridad mediante:
- Cada nodo difunde nuevas transacciones a toda la red.
- Las transacciones, junto con la información del bloque anterior y una marca de tiempo, forman el siguiente desafío de prueba de trabajo.
- Cuando cualquier nodo encuentra una solución que cumple con el umbral de dificultad, la transmite; los demás nodos la verifican.
- El nodo que resuelve el desafío recibe nuevas monedas según la política monetaria de Bitcoin.
Este mecanismo eleva el umbral de tolerancia bizantina del 33 % a más del 50 %, lo que se conoce como la defensa contra un ataque del 51 %. Bitcoin se convirtió así en la primera moneda digital exitosa y de uso amplio, a la que se le suele llamar “oro digital”. No obstante, su lenguaje de scripting limita la capacidad de crear contratos inteligentes complejos.
Contratos inteligentes en Ethereum
En 2015, Vitalik Buterin lanzó Ethereum, que añadió a la base del consenso de Satoshi la Ethereum Virtual Machine (EVM) y un lenguaje de programación, permitiendo la amplia adopción de contratos inteligentes. Su flujo de trabajo es:
- Se utiliza prueba de trabajo para generar bloques, y todos los nodos verifican las transacciones.
- Además de registrar saldos de cuentas, cada bloque almacena código de programa que se ejecuta de forma descentralizada.
Ejemplo de contrato (pseudocódigo):
```javascript
if (accountX.balance >= Y && today == "2021-12-31") {
transfer 5 ETH from X to Z;
}
```
Esta contabilidad programable dio origen a las aplicaciones descentralizadas (DApp) y enriqueció el ecosistema blockchain con casos de uso mucho más variados.
Prueba de participación (PoS)
Con la naturaleza de código abierto de las criptomonedas, muchos proyectos buscaron alejarse del consumo energético de la prueba de trabajo y adoptaron la prueba de participación (Proof‑of‑Stake, PoS). Los elementos clave de PoS son:
- Los nodos deben bloquear una cantidad determinada del token nativo como staking (apuesta).
- Los participantes con stake obtienen el derecho de validar transacciones y crear bloques.
- La selección del nodo creador del bloque se decide mediante un sorteo (lottery) aleatorio.
PoS reemplaza el trabajo computacional por un depósito económico, reduciendo drásticamente la demanda de energía. Proyectos que ya operan bajo PoS o que planean migrar incluyen Polkadot, Cardano, EOS, TRON, Tezos, y hasta Ethereum, que está realizando la actualización conocida como “The Merge”.
Aunque la seguridad de PoS sigue siendo tema de debate, su ventaja principal radica en la escalabilidad. La prueba de trabajo ofrece mayor seguridad pero limita el rendimiento, mientras que PoS mejora la capacidad de transacciones a costa de diferentes supuestos de seguridad. En el futuro podrían surgir combinaciones híbridas o mecanismos de consenso más avanzados que busquen equilibrar seguridad y rendimiento.
¿Qué no es una criptomoneda?
Al aprender sobre criptomonedas, el segundo punto clave es distinguir lo que no califica como tal. Un sistema que cumpla con la definición de criptomoneda debe buscar minimizar la confianza en terceros. En contraste, las siguientes formas no son consideradas criptomonedas:
- Monedas digitales emitidas por bancos centrales y reguladas por gobiernos (CBDC).
- Dinero digital centralizado y privado, como Diem (antes Libra) de Facebook.
- Stablecoins respaldadas por fiat o por reservas fiduciarias (por ejemplo, Tether, USDC, DAI).
Estos sistemas dependen de una entidad centralizada para gestionar el libro mayor y poseer los activos subyacentes, lo que contraviene la visión original de los crypto‑punk de descentralización y privacidad.
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